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sábado, 11 de febrero de 2012

Octavo Relato

¡Buenas noches a todos!
Hoy tengo el placer de mostrarles el nuevo relato que ha llegado para el concurso
Por que el Amor Duele, les recuerdo que todos estarán accesibles para su lectura en el apartado de arriba en: Relatos del Concurso ^^

Así que sin más, los dejo con esta nueva entrega, de la pluma de Maria O.D

¡Disfrútenlo!



Mejores amigos
Era un poco más alto que ella. Estuvo tentada a reclinar la cabeza en su hombro, al fin resistió y le sostuvo la mirada.  Amaba esos ojos que le suplicaban, casi podía leer las palabras en sus pupilas, las sentía, “por favor”; y se rindió al cruel encanto. Omar la sujetó de la barbilla, y apresó sus labios con los suyos, bailando lentamente con los ojos cerrados, para ella era un sueño, y temblaba el mundo.  Cuando recupero la conciencia, se sintió apenada por tenerlo asido con fuerza de la camisa. Lo soltó y él reía de buena gana, mientras ella se acomodaba discretamente la blusa y los mechones rizados que caían por su frente.
-¿Viste la cara que puso? ¡Se lo creyó! ¡Que bien fingimos!
“¿Fingir? ¿A esto le llamas fingir?”, por supuesto que sólo se refería a sí misma, “¿estas ciego o que? Yo no estaba fingiendo”; deseaba gritarle, pero no podía, no era lo correcto, no es lo que hace una amiga. Jamás había pensado que una palabra de cinco letras pudiera causarle tanto dolor, y ahí estaba él, tan maravilloso, su mejor amigo; porque Omar nunca podría verla de una manera distinta, estaba segura de que no la amaría aunque fuera la última mujer sobre la tierra, porque era su mejor amiga, y sólo eso.
Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por él, prefería morir de dolor antes que perderlo, quizá algún día, él casado con la insensible Celeste, y ella con un marido cualquiera; pudiera confesarle su amor, y por lo menos  él la abrazaría como consuelo y le diría al oído…
-¡Renata! – Sobresaltada se giró para ver que Celeste se dirigía hacia ellos – finge que ríes conmigo…
No necesitaba fingir, él era todo un príncipe azul, atento, fiel, sincero, galante, divertido…, su único defecto era estar locamente enamorado de esa chica déspota, mimada y superficial que pisoteaba todo a su paso. Renata soltó una risilla de burla, se imaginaba todo lo estaba pasando por la mente de Celeste, si es que tenia, ver al mejor de sus partidos con la ñoña de la preparatoria debía ser el apocalipsis.
Celeste pasó de largo con la cabeza levantada más de lo normal, le calaba, podía asegurar que los celos la estaban matando por dentro. Renata la compadeció, a pesar de que sentía que se traicionaba a si misma, haber tenido el valor de lastimar a un chico tan lindo como Omar tenia consecuencias, por eso había aceptado el plan de él para darle celos. Después de todo aun  tenía la esperanza de que él olvidara a Celeste, de que la amara a ella; que sí lo quería, que estaba dispuesta a sacrificarse por él, por su felicidad, aunque fuera con otra. Pero no, él llegó esa mañana al aula, con un ramo de rosas y una caja de chocolates en el brazo; para Celeste.
-¿Creíste que me olvidaría de ti? – Le susurró al oído y Renata se estremeció – También te traje algo…
-¿a mi?
- ¡porque te amo! – gritaba él, ante la fiera enfundada en un vestido violeta, que acaba de pasar  casualmente cerca de ellos. Omar escondió con éxito las rosas y los chocolates detrás de su mochila para que Celeste no los viera hasta el momento adecuado – por supuesto, eres mi mejor amiga, ¡la mejor!
Era el fatídico día de San Valentín, el beso la había trastornado consiguiendo que se olvidara de la fecha y de la pequeña fiesta que se había organizado en su clase; de pronto la música empezó a sonar, sirvió para disfrazar su sollozo de alegría; Omar le tendió una mano y fueron juntos al centro del baile, al lado de Celeste y su nuevo chico.
-¡te quiero! – repetía, y Renata parecía flotar porque él dirigía sus palabras a ella, con el insignificante detalle de que quien debía escucharlas era Celeste.
- Paremos ya todo esto Omar – Renata trataba de ser sutil – ya quiero irme
- ¿tan pronto? – él la jaló a un lugar solitario
-  ¿Te vas o te quedas?
- Prometiste ayudarme
- ¡tenia que ser eso! ¡Un engaño! ¡Que pena que valgas tan poca cosa! – Celeste irrumpió con sus enormes tacones en medio de Renata y Omar.
- ¡pero si lo hice, es porque te quiero de verdad! ¡Porque quiero que sientas lo que yo, cuando te veo con otro! – Renata odiaba verlo humillado, débil y vulnerable, era amor lo único que quería para él, ¿Por qué no podía darle el que ella sentía en el pecho, el que rebosaba su corazón hasta explotar?
- Omar déjame a mi– Se interpuso entre él y Celeste – ¡escúchame bien sinvergüenza plastificada! No puedes ir por la vida tratando a todos como basura, Omar es bueno y si tú no sabes apreciar su amor, ya habrá quien lo haga…
-¿Quién,  tú? – Era un golpe bajo, Celeste sabia jugar sucio. Pero Renata no podía gritarle a su mejor amigo que lo amaba, no ahora que él estaba tan perdido  por otra.  Tenia que consolarlo y eso hizo, se volteó y lo abrazó con fuerza, mientras él veía como Celeste se iba a los brazos de otro chico.
-La odio – murmuró Omar con su amiga entre los brazos – pero también la amo, me odio por amarla.
-Eres un tonto 
-¡no necesito que me lo repitas, Renata!
-Toma, te traje esto – le extendió una cajita forrada por papel decorado. Omar rompió bruscamente los corazones que la cubrían. Encontró adentro una pulsera muy singular, con su color favorito, y tejida a mano.
-¿para mi? – sonrió deslumbrando irremediablemente a Renata
-Por supuesto, ¿Qué me trajiste tú?
-No es nada comparado con lo que tú me diste a mí
-¿en serio? ¿Qué es?
- Esta con las rosas y los chocolates, ¿vamos? – a ella le aterraba volver a allá, donde Celeste era todo para Omar, y donde esas sonrisas que ella lograba arrancarle  pasaban a segundo termino.
-Bueno – Avanzaron tomados de la mano entre la eufórica multitud. Cuando él le mostró el flamante CD nuevo que había grabado para ella con sus canciones favoritas, estuvo a punto de gritar de emoción; en la portada había una foto de ambos en una de sus muchas aventuras por la ciudad - ¿bromeas? ¡Es fabuloso! ¡Gracias Omar!
Se lanzó sobre él, quien también la estrechó con fuerza; y al separarse él tomó las rosas y la caja de chocolates y se quedó inmóvil con el ceño fruncido.
-¿Qué piensas hacer, Omar?- replicó su amiga
- Tirarle estas rosas en su cara, y después embarrarle los chocolates en su precioso vestido.
Como siempre, ella nunca era suficiente para llenar su ánimo, siempre pensaba en Celeste. A pesar de todo hizo el intento por calmarlo. Lo tomó de las manos y lo condujo lejos de todos. Lo abrazó una vez más y los ojos se le empañaron cuando lo vio acariciar la pulsera que ella misma le había hecho.
-Es hora de irnos a casa, Omar; podemos ver una película…
-No, no quiero, ¿sabes Renata?, le compre estas flores con mucho amor, y no dude en comprarle  los chocolates que más le gustan y que son los más costosos y… - se le quebró la voz, y soltó una lagrima. – ella no me quiere, no me quiso nunca ¿Valgo tan poquito?
“¡No! ¡Tú vales mucho para mí! ¡Te amo! ¡Siempre te he amado! ¡Olvida a Celeste! ¡Olvídala de una vez, y deja que yo te quiera!”, eso pensaba gritarle para la dejo muda su llanto, era un hombre llorando por amor; Renata sentía que estaba muriendo con cada sollozo que él lanzaba. Lo abrazó más fuerte, cuando él por fin se sosegó un poco, ella respiró profundamente y tomó valor para decirle lo que debía haberle dicho desde hace tanto tiempo.
-Omar… quería decirte que yo
-Habla ya Renata, para irnos de una buena vez – él lanzó el ramo con ira y pisoteó los chocolates de un salto.
-yo te quiero
- yo también, eres mi amiga
- sí, pero…
- ¡yo te quiero más, Omar! ¡Mucho, mucho!
Y apareció como desde el mismo infierno, la señorita arrogancia, que venia con su vestido violeta, el mismo que Omar quería ensuciar de chocolate, Renata se arrepintió de haberlo detenido, los tacones hacían eco en el suelo. “¿Por qué no se abre un agujero en el piso con tremendo golpe?”, cuestionó Renata, quería que Celeste desapareciera para siempre, “¿por que tuvo que aparecer en este momento, Dios?”.
-¿Qué dices? ¿Qué me quieres? No te creo
-¡Por favor! ¡Es el día del amor, tienes que perdonarme! Te prometo que no volveré a portarme como una tonta, te amo Omar.  – El mundo se detuvo otra vez porque Celeste dijo por primera vez “te amo”. Y Renata se quedó en medio de la pareja, los otros aplaudían en torno a Celeste y Omar, empujaban a Renata, y alguien tuvo el detalle de derramar refresco en su vestido rosa. Renata confiaba en que el día de San Valentín no seria igual al de otros años, viéndolo disfrutar con la flamante Celeste, soportarlo cuando le decía emocionado que era la mujer de su vida, que la amaba tanto, queriendo que su mejor amiga fuera participe de su alegría, y fingiendo indiferencia, fingiendo gozo cuando sentía el alma destrozada. Pero así es el amor, es sacrificio, es dolor, es un mejor amigo enamorado de otra y…
Y ese  San Valentín había resultado mucho peor. Al final de la fiesta, él se había apartado hasta donde estaba Renata, para disculparse por tener que dejarla, para preguntarle si no le importaba regresar sola a casa, porque él llevaría a Celeste al cine.
-¡No  me importa! ¡Diviértanse mucho! – gritó  para opacar el ruido ensordecedor de la música, se sintió aliviada de que él no pudiera escuchar el latido inconsolable de su corazón.
-¡Feliz San Valentín, Renata! –Omar la abrazó con alegría, la alegría de un hombre que sabe llorar por amor.
-¡Feliz San Valentín, Omar!
-siempre vas a ser mi mejor amiga ¿lo sabes bien?
-Sí, igual tu para mi- se esforzó por mantener la sonrisa y él se inclinó para darle un beso en la cabeza
-Te quiero Renata
- y yo a ti

5 comentarios:

Patricia O. (Patokata) dijo...

ayyy, que triste por Dios!!
Pensar que esto sucede muchas veces.
Espero que en algún momento se le de la oportunidad a Renta de decirle al menos lo que siente por él!!
Me encantó tu relato!!

Besos!!

Patricia O. (Patokata) dijo...

Perdón, quise decir: Renata!!

Ariusk dijo...

Es un relato bastante triste pero muy real...

Y Omar es un IDIOTA en todo el sentido de la palabra... ya por algo dicen que el amor es ciego, ¿no?

Besos linda, muy buen relato...

Maria O.D. dijo...

¡Gracias Nina, y gracias chicas! Es un honor, la tristeza siempre presente me da ratos de alegría también ;)
Pd. ¡Genial los corazones cayendo! ¡me encantan!

Dora Ku dijo...

María: Pues es un honor participar en este blog con tan excelentes escritoras, tú relato es magnífico, pues hiciste de una historia común, una narración fluida y muy buena.
¡Fellicitaciones!: Doña Ku

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