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viernes, 3 de febrero de 2012

Segundo Relato

Con un enorme placer les presento el Segundo Relato para el concurso. 
 de manos de nuestra querida Galena. 
¡Disfrútenlo!





She is a killer

Un minuto… dos minutos… siete minutos ¿por qué tardaba tanto? Diez minutos… veinte ¡¿Dios, por qué tardaba malditamente tanto?! Treinta minutos.
Hacía treinta minutos que ella estaba dentro de ese antro y que yo esperaba fuera en la oscuridad. La tarde era fría y húmeda, las aceras y las calzadas estaban mojadas y el vaho salía por mi boca con regularidad. Me froté las manos y soplé sobre ellas en un tonto intento de entibiarlas, pero no lo conseguí y volví a guardarlas en los bolsillos de mi fino abrigo. Habían pasado ya treinta y dos minutos según mi reloj de pulsera y ella todavía seguía allí dentro. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Por qué había ido a esa parte de la ciudad? No entendía nada, pero empezaba a preocuparme. Elaine no frecuentaba ese tipo de barrios, ella era una chica tranquila, sensible, dulce, delicada, perfecta… ¡Ahí estaba!
La observé mirar a los lados cuando salió de aquel asqueroso tugurio. Me buscaba, ella sabía que yo la seguiría, sabía que la necesitaba y que jamás la dejaría desprotegida. Una ligera brisa abanicó su rizada melena castaña y suspiré, sin hacer nada, sin buscarlo y sin pretenderlo ella me había excitado. Había ocasiones en las que me costaba creer el poder que Elaine tenía sobre mí, no era más que un muñeco en sus manos.
Con un paso rápido emprendió su camino y giró a la derecha, le di unos segundos de ventaja y luego caminé sobre sus pasos. La tarde estaba cayendo y el día nublado oscurecía todo mucho más de manera que las sombras me ayudaban a esconderme. Los pasos de Elaine se hicieron más rápidos y tuve que esforzarme por no perderla de vista. Ella intentaba eso siempre, correr y esconderse para evitarme, pero yo siempre la encontraba. Era algo que me gustaba hacer, buscarla hasta encontrar su cara sorprendida y asustada. No entendía por qué me temía si yo solo quería asegurarme de que estaba bien, pero Elaine era demasiado compleja para que yo la entendiese y a pesar de que ese miedo irracional hacia mí no me gustaba sabía que debía darle tiempo para comprender que conmigo estaría mejor que con nadie.
Giré la esquina y un estrecho y largo callejón se presentó ante mí. Otra vez quería que jugásemos al escondite. Sonreí y me adentré en la oscuridad tenebrosa. Avancé lentamente y me sorprendí cuando al avanzar unos metros averigüé que era un callejón sin salida. Que extraño, Elaine nunca se encerraba cuando sabía que yo estaba tras sus pasos, se cuidaba bien de ir siempre por lugares muy transitados. Sería todo un reto, una aventura nueva y quizá ese fuera el día en que por fin pudiera acercarme a ella y demostrarle mi amor.
Ansioso me adentré más en el espacio hueco y rodé mis ojos para buscar la brillante melena de mi querida Elaine. No la veía por ningún lado y mi respiración se agitaba ¿Se  habría escapado? No, era imposible, la habría oído salir y no había ningún escondite posible en ese repulsivo callejón. Llegué al final sin encontrar nada y mi respiración era agitada, fue entonces cuando descubrí una puerta desvencijada en el edificio que estaba a mi izquierda. Fruncí el ceño, confundido y tiré de la manilla. Con un chirrido la puerta se abrió y dio paso a lo que imaginé que era un jardín trasero, era amplio y parecía abandonado, las malas hierbas ocupaban el terreno y algunos neumáticos viejos y llenos de barro permanecían amontonados en una esquina. Al fondo un roble creía fuerte y justo detrás del ancho tronco avisté los adorados rizos de mi Elaine.
Me puse recto y esperé. Supe que no se estaba escondiendo, al menos no de una forma que pretendiese estar lejos de mí. Algo había cambiado y mi corazón latía ansioso por saber que ocurriría.
—Me has encontrado rápido, pero no tanto como otras veces —comentó todavía escondida detrás del árbol—. De todos modos no me has hecho esperar demasiado, sabía que no lo harías.
La deliciosa figura de la razón de mi existencia salió de su escondite y pude contemplarla con todo detenimiento. Era una chica menuda pero esbelta, su estilo era dulce y femenino y solía utilizar gorros de lana para protegerse del frío, sin embargo, ese día no llevaba ninguno puesto, lo cierto es que llevaba puesto un vestido veraniego que dejaba sus piernas desnudas expuestas al aire gélido. El viento, frío e implacable removió sus rizos y con un gesto se los apartó de la cara, permitiéndome ver en la distancia sus ojos verdes. Permanecí en silencio, notando como la sangre viajaba por mis venas velozmente debido a mis nervios y a mi ansiedad por acercarme, por pegarla a mi cuerpo y por sentir su piel contra la mía. ¡Dios, como la quería!
—Veo que sigues sin hablarme —dijo—, nunca entendí por qué. Al principio pensé que si tanto me seguías te gustaría hablar conmigo pero parece que no.
Mi respiración se hizo agitó más cuando ella se acercó unos pasos. Podía ver como el frío había coloreado sus pálidas mejillas y sentí la urgente necesidad de pasar mis labios sobre ellas. Tenía grabadas en mi memoria las escenas en las que Elaine se había acercado a mí para preguntarme que quería primero, para pedirme que dejara de seguirla después, para gritarme finalmente. Tomé aire al pensar en ese último recuerdo, había sido duro pero por nada dejaría que ella se fuese de mi lado. Yo siempre estaría en las sombras para ella, aunque no me quisiese ahí. Mis ojos empezaron a picar y parpadeé para ahuyentar las malditas lágrimas que los querían anegar.
—Venga, Jim, ¿te traigo hasta aquí y aún así no vas a decirme qué quieres? —preguntó acercándose todavía más a mí. La miré fijamente y supe que estaba enfadada, su timidez había dejado paso a la rabia—. Estoy harta de que me persigas, de verte esperando en la puerta de mi casa, en la salida del instituto, fuera de la cafeterías. No quiero oír tus pasos detrás siempre que camino por la calle ni pensar en como me observas con esos malditos ojos negros. Quiero que me dejes, ahora —me exigió a gritos.
La miré apenado, pero esta vez sin rastros de lágrimas en mi ojos. Yo jamás la dejaría, era estúpido pretender lo contrario. Simplemente no podía concebir mi vida sin ella.
—No sé como lograste convencer a la policía de que no tenías nada que ver conmigo, pero estoy cansada y no me dejas elección. Eres un loco que se dedica a perseguir a la gente hasta hacerle la vida imposible —su voz se acercaba al llanto y lamenté más que nunca saber que ella no dejaría que yo la consolara—. No sé de donde vienes ni qué quieres, pero no puedo más.
—Te quiero a ti —le dije en un tono de voz no muy alto, pero perfectamente entendible.
Era la primera vez que me dirigía a ella y vi como la sorpresa recorría su rostro colorado por la ira. Sus ojos estaban exageradamente abiertos y su rostro se alzaba ligeramente para observarme bien, me acerqué un paso más y mis ganas de sostenerla junto a mí aumentaron peligrosamente.
— ¿A mí? ¿Por qué? —preguntó exigiendo una respuesta.
Me mantuve en silencio y el ceño de Elaine se juntó.
— ¡¿Te he preguntado que por qué?! ¿Por qué yo? ¿Por qué me persigues, maldita sea? ¿Qué quieres de mí?
Seguí en silencio y vi como lágrimas de rabia bajaban por sus tiernas mejillas. Observarla era el regalo más divino que un humano pudiera poseer.
—¡¡Contéstame!! —se agarró a la tela de mi abrigo y me zarandeó al tiempo que seguía gritando.
Agarré sus manos sujetas al cuello de mi chaqueta dispuesto a tirar de ellas y de ese modo la aparté de mí sin delicadeza.
—Te quiero a ti, tú eres mía, para mí —le dije mirándola fijamente a los ojos brillantes.
—Estás loco —musitó de manera casi inaudible.
—Loco por ti, Elaine. Yo también estoy harto, harto de esperar y creo que hoy has dado el paso decisivo —pegué su cuerpo al mío y junté nuestros labios con fiereza.
Necesitaba saborearla, tenerla junto a mí, sentirla; ahora nada me lo impediría. Elaine forcejeó pero no la solté.
—No, déjame, Jim. ¡Suéltame!
—¡¡No!! Escúchame Elaine, debemos estar juntos, entiéndelo. Yo te quiero y tú también me quieres —dije vehementemente.
—No te quiero Jim, quiero que me dejes en paz —me gritó.
La rabia se apoderó de mí. Si Elaine no dejaba de herirme con sus palabras tendría que castigarla. Yo solo quería cuidarla y darle lo mejor pero ella no dejaba de huir de mí y ahora no me bastaba con amarla en la lejanía.
—Vendrás conmigo amor y no te separarás de mí nunca. Sé que ahora no lo entiendes, pero pronto sabrás que me amas y que conmigo estarás siempre bien. Jamás dejaré que ese idiota te vuelva a poner una mano encima —le aseguré acariciando suavemente su mandíbula. Ahora su piel lucía su color habitual, pero hasta hacía unas semanas todavía podía verse el moratón que el asqueroso de su padre le había hecho.
— ¡No voy a dejar que nadie más me obligue a hacer lo que no quiero, Jim y si ahora no me dejas lo lamentarás! —me advirtió con un extraño y bajo tono de voz.
Sin decir nada más la tomé por el brazo y la arrastré hasta la salida del callejón. La llevaría al cuarto del motel en el que me hospedaba y no la dejaría salir de allí hasta que entendiese que estábamos hechos el uno para el otro.
— ¡Suéltame!
Elaine me empujó y tiró para liberarse, me volví y la encaré, la agarré por los hombros hasta que sentí algo clavarse en mi pecho. Mis ojos se abrieron hasta sus límites por el dolor y mi mirada se fijó en la de Elaine, que también mostraba una máscara de asombro. No sabía que había pasado, pero sentía que todo llegaba a su fin y no podía desperdiciar lo que me quedaba. La observé y me sentí en el cielo. Mi perfecta y dulce Elaine, con el rostro bañado en lágrimas y los grandes ojos verdes brillantes que me miraban asustados.
Bajé mi mano de su hombro y saqué el puñal de mi pecho. El dolor que sentí hizo que me mareara y cayera al suelo.
—Jim… —musitó ella—. Lo siento, Jim, pero no puedo dejar que… que… Dios, Jim…
—Vete —le ordené con mi voz ahora ronca.
Elaine era demasiado compleja, no había entendido a tiempo lo grande que era mi amor por ella. Quizá fuera cosa del destino, ella era demasiado perfecta para mí, yo era un ser oscuro y Elaine representaba a la luz y a la calidez. Tenía mucho por poder morir escuchándola pronunciar mi nombre.
—Vete —repetí pensando en la necesidad de protegerla.
Ella se agachó a mi lado y recogió el puñal del suelo, luego se acercó a mí llorando y los dos nos observamos durante los segundos más intensos de mi vida. Se irguió y la observé irse.
—Elaine… —cerré los ojos y conservé la imagen de mi Elaine alejándose.
Las lágrimas se escaparon de mis ojos ante una escena tan hermosa y triste. No obstante, yo la seguiría siempre, jamás dejaría de protegerla y nunca la abandonaría, porque ella era mía y yo era suyo, a pesar de vivir en las sombras.

                                                              Fin

-- 
Galena Sanz


10 comentarios:

D. C. López dijo...

Guau!, impresionante!. Me ha gustado muchísimo!, la obsesión que tenía Jim por ella, la manera en la que ella actuó para poner fin a ese acoso... y el final, te deja con ganas de más y con la incertidumbre de no saber si al final él muere o no...

He de felicitar a mi querida Galena, pues ha hecho un buen trabajo. Me ha gustado mucho la manera d narrarlo, mostrandonos los sentimientos y miedos de los personajes, describiendo la escena y el entorno a la perfección!... osea, una obra d arte! >.<

No le deseo suerte en el concurso x k dudo k la necesite, jejeje.

Saludos kerida Nina, k pases un buen fin de semana y k todo t vaya bien. Besitos para ti y para tu baby, muak!

Maria O.D. dijo...

¡genial relato, lo lei ya dos veces! (una aqui y otra en el blog de Galena, jeje) xD ¡saludos!

Galena dijo...

Jaja, María, me encantas!! Si he logrado que leas el relato dos veces me siento mucho más que satisfecha, jaja

Gracias Dulce por tus palabras, un poco exageradas, pero muchas gracias. Estoy feliz por la buena acogida que ha tenido el relato a pesar de ser, como se ha dicho, enfermizo y difícil de entender.

Un abrazo a todas y espero la llegada de más relatos!!

Ariusk dijo...

Vaya un relato fuerte pero con emociones claras. Me gusto bastante y me dio mucha pena el pobre de Jim. Perturbado, complejo y claramente enamorado (obsesionado pega más) solo.

A ver que más nos depara el concurso.

Felicidades Galena!!

Dora Ku dijo...

Muy buena narrativa Galena, el chiste del relato es atrapar al lector y tú lo logras desde el principio.
El acoso es un flagelo para muchas mujeres, desgraciadamente a veces es tan sutil, que no pueden probarlo y lo sufren por mucho tiempo.
Acoso de los jefes, acoso de algún fulano, al que se le metió entre ceja y oreja que le gustas,acoso hasta de un familiar etc.
De todos modos hay que denunciarlo, pues es tan peligroso que puede terminar en homicidio.
¡FELICIDADES!: Doña Ku

Nina-Neko dijo...

Me alegra que les haya gustado el relato de Galena, al igual que el de Dora es genial y plasma a la perfección la esencia del concurso.
Estoy de acuerdo contigo Dora, Galena tiene una increíble forma de narrar que no te permite despegar los ojos de la lectura ni un segundo, un relato excelente sin duda alguna ^^
Besos!!!

Galena dijo...

Gracias por las palabras, una se siente satisfecha cuando consigue su objetivo.

Ahora voy con los demás relatos!!

Patricia O. (Patokata) dijo...

Realmente un texto intenso al máximo!!
Mantienes el suspenso y la intriga!!
Me encantó!!

saludos!!

Belle De La Croix dijo...

Me encanta este relato! Es intenso y entretenido!

Galena dijo...

Muchas gracias por vuestras palabras!!

Un abrazo a las dos.

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