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viernes, 10 de febrero de 2012

Séptimo Relato

¡Hola, hola!
Hoy he recibido un relato más para el concurso "Por que el Amor Duele"
¡Así que después de leerlo se los comparto inmediatamente!

De manos de Patricia O. (Patokata)

¡Disfrútenlo!





PARA SIEMPRE…


Otra vez se había dormido por culpa de ese despertador que funcionaba cuando quería. “Eva debe estar furiosa al ver que no llego”, pensó Érica. Rápidamente se puso sus jeans gastados y una blusa floreada, se calzó las sandalias, tomó el bolso y salió a la carrera. Ya en el ascensor intentó domar esa cabellera rebelde de bucles color café que se le desparramaban por la espalda.
No era propensa a maquillarse, ni así lograría ocultar las ojeras que ensombrecían sus lindas facciones. Ayer se había quedado estudiando hasta tarde y cuando pareció que el sueño llegaba se le dio por pensar en él y al diablo con las horas de sueño que le quedaban.
Justo hoy había quedado en ocuparse de los gemelos de su hermana, cuando no tenía ni ganas de que alguien la molestara. Esperaba que al menos el mal humor se le quitara camino a lo de Eva.
―Ya era hora. ¿Será posible que no pueda contar contigo nunca? ―fue el saludo de buenos días de aquella, apenas traspasó la puerta.
No le respondió y se mantuvo callada hasta que su hermana se marcho hacía el trabajo aún enfadada. Ella era así, si no le cumplían al instante se ponía hecha una furia, como si fuera el ombligo del mundo.
Lentamente se encaminó a despertar a sus sobrinos que dormían plácidamente y se negaban a abandonar los brazos de Morfeo. Cuando al fin estos dieron señales de vida, y comenzaron a moverse como autómatas para ponerse el uniforme del colegio, ella bajó a prepararles el desayuno.
Se topó con David, su cuñado que ya estaba listo para irse a la oficina.
―Hola.―lo saludó indiferente mientras hacía lo suyo.
―Hola, ¿cómo estás? ¿Los chicos ya se levantaron?―preguntó mientras se tomaba una taza de café en forma apresurada, al tiempo que revisaba unos papeles que iba metiendo en el porta folios.
―Si, están en eso.―le respondió ella con desgana y sin mirarlo.
Pronto los niños estuvieron listos, esperando el bus escolar que pasaría por ellos.
Cuando al fin quedó sola, y luego de recoger todo el desorden que había quedado en la cocina, se dispuso a estudiar para el último examen que tendría al día siguiente y con el que obtendría su doctorado en Economía.
Se había tirado en el sillón para estar más cómoda y se quedó dormida.
Así la encontró David unos minutos después, cuando volvió por unos papeles que había olvidado. Ella dormía plácidamente mientras el voluminoso libro descansaba en el piso, tenía la camisa entre abierta y se podía ver el nacimiento de sus senos. La miró, era linda; a pesar de hacer muchos años que la conocía, desde que comenzó el noviazgo con Eva, nunca la había visto con otros ojos más que con los de un amigo ó un hermano. Sin embargo, tenía que reconocer que el tiempo había sido benevolente con ella y la había hecho todo una mujer; le extrañaba que aún no hubiera presentado algún pretendiente en la familia.
Recordó el motivo por el que había regresado, se ocupó de recoger lo necesario y salió, ella seguía dormida.
Al medio día Érica les preparó el almuerzo a los chicos y luego llevó a cada uno a sus actividades extracurriculares. Sabía que su hermana estaba en los días de cierre de campaña de la empresa de belleza para la cual trabajaba, y en la que era vendedora ejecutiva, así que hoy vendría muy tarde en la noche.
También su cuñado llegaría tarde; era día viernes, cuando él aprovechaba a salir con sus amigos y también llegaba más tarde de lo habitual. Lo bueno era que, debido el ajetreo de la semana, los chicos se marchaban a la cama temprano; pues, aunque hacían planes para pasar la noche en vela mirando películas que no podían ver cuando estaban sus padres, les era imposible aguantar los efectos del cansancio y del sueño.
Luego de que al fin se retiraron a descansar el sueño del guerrero, y de ordenar una vez más el desorden dejado por estos a su paso, se dispuso a concentrarse con más ímpetu en el estudio.
Colocó un cd de música celta para poder relajarse y lograr más concentración, se puso su pijama compuesto de un pantaloncito corto y una musculosa blanca algo ceñidos al cuerpo, bajo un poco la luz y se tiró en el sillón a retomar el hilo del libro que había tenido al medio día entre las manos.
Ya eran las dos de la madrugada cuando David llegó a la casa, al parecer en no muy buen estado puesto que le llevó unos minutos acertar la llave en la cerradura; otro tanto le llevó volver a cerrar cuando ya estaba dentro. Cuando apareció a la entrada del living llevaba el saco del traje colgado al hombro y la corbata floja sobre la camisa que ya tenía entre abierta. Se sobresaltó cuando la vio, tenía la mirada un poco perdida; ella lo miró de reojo.
―Hola.―la saludo él intentando verse lo más normal que podía. No era bueno que su cuñada lo viera así, quizá mañana le fuera con el cuento a su mujer.
Se tomó del pasamano de la escalera para subir al dormitorio y se tropezó cayendo sobre los escalones. Érica se levantó corriendo y se acercó a auxiliarlo.
―No te…preocupes…estoy…bien.―apenas balbució arrastrando las palabras y negándose a ser asistido, pero volvió a tropezar.
Haciendo caso omiso a lo que le decía pasó  uno de los  brazos de éste sobre sus hombros y lo tomó de la cintura para ayudarlo a subir, de lo contrario podía estar toda la noche en el intento por llegar a su cama. Mientras subían lentamente notó la diferencia de estatura que tenían, prácticamente podría servirle de bastón; también le llegó el aroma de la colonia de hombre que usaba y que ella conocía muy bien, pues la mayoría de las veces había acompañado a su hermana cuando esta se la compraba. No pudo evitar sentir su calor a través de ese abrazo forzado por las circunstancias. Cerró los ojos y respiró hondo, le daban ganas de llorar cada vez que recordaba el día que lo conoció, al mismo tiempo que su hermana. Se llevaban apenas cinco años de diferencia en la edad, pero ella siempre pareció físicamente más joven de lo que era y eso le jugó en contra a pesar de que tenía dieciocho años; sin embargo, su hermana Eva tuvo más suerte para atrapar su atención ya que prácticamente tenían la misma edad y al instante lo acaparó para ella sola. Como al principio todo empezó como un juego no le dio importancia al flirteo que ambos habían iniciado, pero con el paso del tiempo la relación comenzó a tornarse seria y ella al fin perdió la esperanza cuando se casaron un año después,
A pesar de que habían pasado ya diez años no podía olvidar este fracaso que afectó su corazón, pues él le había pegado fuerte desde el primer momento; fue amor a primera vista aunque ni él ni su hermana jamás se enteraron.

Al fin llegaron al dormitorio y al intentar dejarlo sobre la cama ambos cayeron y él quedó sobre ella. Su corazón dio un vuelco y se aceleró cuando lo vio tan cerca mirándola fijamente a los ojos al tiempo que sentía el peso y la tibieza de su cuerpo.
―Que linda eres.―le dijo suavemente al tiempo que le acariciaba la mejilla.
Su aliento no olía demasiado a alcohol, contrariamente al estado en el que se hallaba. Seguramente, como no estaba acostumbrado a tomar, con tan solo un par de cervezas quedaba mareado por demás. Lo tenía tan cerca que ya estaba perdiendo la perspectiva del asunto, tratando de volver los pies a la tierra intentó quitárselo de encima para dejarlo dormido y marcharse de allí.
―Anda David, será mejor que te duermas y te quites ese mareo que llevas encima. Además yo tengo que estudiar y cuidar a los chicos. ―le decía mientras intentaba quitárselo de encima sin éxito.
Él no se lo estaba haciendo fácil, la miraba con ternura y le sonreía sin dejar de tironearle sus bucles castaños.
―Estas hecha una mujer muy hermosa. Recuerdo aquella chiquilla que eras cuando conocí a tu hermana. ―le susurró apretándose más contra ella.
―David, por favor―apenas podía quejarse sin dejar de sentirse turbada ante el peso de su cuerpo―. Además, yo no era ninguna chiquilla, así quisiste verme tú…―se quejo y se arrepintió de haber dicho eso.
―Pareces enojada conmigo. ―le acariciaba el rostro mientras se lo decía y se acercaba más a su boca.
―Por favor David, los niños…―intentaba por todos los medios escapar de él y de esas sensaciones que le estaban despertando en el cuerpo.
―No entiendo porque es que nunca nos has presentado a ningún novio…―le decía sorprendido, como si recién ahora la viera.
Ella apartó la mirada, ya no hacía intentos por apartarlo. Él la obligó a mirarlo y vio sus ojos húmedos, la miró fijamente por unos instantes y de inmediato comprendió. Enjugó unas lágrimas que escaparon de sus ojos, luego de tantos años de silencio.
Rozó sus labios y fue suficiente para que todo se saliera de control. Se besaron con desesperación, ella sentía la excitación de su cuñado entre sus piernas; rápidamente terminó de desabrocharle la camisa mientras él le quitaba la camiseta del pijama y comenzaba a besar y acariciar esos senos que hacían tanto deseaban esas caricias de sus manos. Lo ayudó a quitarse el pantalón y dejó que le quitara la poca ropa que le quedaba hasta quedar completamente desnuda ante él, como también él quedó para ella. Se recorrieron por entero, se acariciaron, se miraron, se susurraron palabras de amor que jamás ninguno de los dos habían dicho.
Al fin lo recibió en su interior al tiempo que acariciaba su ancha espalda, se miraban a los ojos entre gemidos y jadeos suaves y acompasados.
―Érica―le susurró al oído―, eres tan bella.
Ella le mordió el hombro cuando tuvo el intenso orgasmo que apenas podía silenciar. Estaba en el paraíso, con el hombre que amaba y había amado desde la adolescencia, con el único que amaría por el resto de su vida. Fue la mujer más feliz del mundo cuando lo sintió derramarse dentro de ella, sabía que quizá esa fuera la única vez que iba a estar con él por lo que disfrutaba saberlo en su interior y escuchar esos gemidos y jadeos de placer que le estaba provocando.
Quedaron abrazados luego, mientras sus respiraciones se normalizaban nuevamente y los sonidos del amor se apagaban poco a poco.
Lentamente Érica se levantó y comenzó a vestirse mientras él la miraba desde la cama.
―Érica…
―No digas nada David, ambos sabemos como son las cosas. Lo mejor va a ser que nos olvidemos de este momento de locura. Yo por mi parte no pienso decir nada y tampoco es mi intensión malograr el matrimonio de mi hermana. ―le decía con resignación mientras se encaminaba a la puerta.
Él quedó callado mientras la veía irse. Nunca le había sido infiel a Eva, jamás había puesto sus ojos en otra mujer pero las sensaciones que su cuñada le  había provocado fueron muy fuertes y urgentes. Fue maravilloso tenerla entre sus brazos y asaltar su intimidad tan fuertemente custodiada durante todos estos años.
No estaba tan borracho como para olvidar al otro día lo sucedido hacía unos instantes. Había llegado bastante mareado pero desde el momento en que la tuvo cerca se le pasó de inmediato. Se restregó los ojos, no sabía como la enfrentaría mañana a la mañana cuando Eva estuviera allí con los niños.

Érica se había vestido y estaba pronta para marcharse cuando su hermana llegara, no quería estar allí al otro día cuando David se levantara; no lo quería enfrentar ni estar cara a cara con Eva sabiendo lo que había sucedido entre ellos.
Esta no se asombró de que su hermana se marchara a las cuatro de la mañana cuando ella llegó, sabía que era algo extraña. Con la excusa de los exámenes pudo salir del paso sin dar lugar a sospechas.
Pasaron varios días antes de que volvieran a verla, lo que no les resultó raro debido a su carácter. Cuando se reunieron para el cumpleaños de los gemelos, unos meses después, la relación entre ellos dos fue la misma de siempre, como si nunca hubiera sucedido nada.
Aún así, era inevitable el cosquilleo que recorría su cuerpo cuando sus manos se rozaban por accidente o sus ojos se encontraban disimuladamente.
Cuando Érica presenciaba demostraciones de cariño entre este y su hermana y a raíz de eso los imaginaba en la intimidad, de la misma forma que estuvieron ella y él, se le partía el corazón.
Su presencia en la casa del matrimonio comenzó a hacerse menos frecuente, a pesar de que extrañaba a sus sobrinos había decidido mantenerse al margen. Sabía que su hermana no lo entendía y siempre criticaba su forma de ser y la acusaba de falta de amor y de interés hacía la familia.
Prefería que pensara eso, sabía que la situación jamás iba a cambiar; ella sería incapaz de hacerla sufrir y de destruir ese matrimonio, también sabía que seguiría amando a su cuñado como lo hizo desde adolescente.
David era el amor de su vida desde siempre y lo sería para siempre.



Patricia O. (Patokata)

7 comentarios:

Jonaira Campagnuolo (JJ Campagnuolo) dijo...

Hermoso, me encanta, aunque el final es duro :-(
Felicidades Pato... :-D

Ariusk dijo...

Diosss hablando de amores doloroso jejeje

Me gusto mucho Patricia. Es real y lo describiste muy bien.

¡Te felicito!

Besos y mucho éxito!!

Patricia O. (Patokata) dijo...

Gracias chicas, me dejan tranquila de que les guste. Lo hice a las corridas y apurando a las musas que estan de parranda y no quieren saber nada jaja. Las estoy volviendo locas!!

Gracias Nina por permitirme participar!!

besotes!!

Nina-Neko dijo...

Nada de eso, mil gracias a ustedes chicas, pues le han dado vida a este concurso que venía postergando. Todas son unas increíbles escritoras y me he deleitado muchísimo con tanto talento!! ^^

Besos!!! ^^

Dora Ku dijo...

Paty: Gracias por este buen relato que se acerca bastante a la realidad. Por circunstancias así se han disuelto muchos matrimonios, que parecían ser muy sólidos.
Menos mal que en este caso la chica fue bastante consiente y coherente, para mantenerse al margen de esa unión.
Felicidades: DK

Maria O.D. dijo...

¡como lastima el amor! Horrible :) Magnifico relato

Emma Buffei dijo...

¡Qué me ha encantado, Patricia! El final es duro.... Pero creo que va acorde con el tema de "El amor duele"....

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